“Dios ha dado a cada persona dones y talentos para ponerlos al servicio de los demás”.
Con esta convicción, Cáritas Diocesana de Querétaro celebró la clausura de dos grupos
del proceso de capacitación en panadería y repostería, un espacio donde el aprendizaje
se convirtió también en una experiencia de crecimiento personal, comunitario y de esperanza.
Después de concluir 90 horas de formación, las y los participantes recibieron sus
constancias con validez oficial expedidas por el Instituto de Capacitación para el
Trabajo del Estado de Querétaro (ICATEQ), reconocimiento que acredita el esfuerzo,
la perseverancia y el compromiso con los que asumieron este proceso de preparación.
La celebración reunió a los párrocos, directivos de Cáritas Diocesana de Querétaro,
equipos de Pastoral Social y, de manera muy especial, a los familiares de las y los
participantes, cuya presencia recordó que detrás de cada logro existe una red de apoyo
que anima, acompaña y sostiene.
Durante el evento, algunos familiares compartieron emotivos mensajes de felicitación
y aliento, reconociendo el esfuerzo realizado y motivándolos a seguir creyendo en sus
capacidades y en las oportunidades que este aprendizaje abre para sus vidas.
Como muestra de los conocimientos adquiridos, las y los graduados presentaron una
exposición de panes y postres elaborados por ellos mismos.
Los asistentes disfrutaron de una degustación y tuvieron la oportunidad de adquirir
los productos, constatando la calidad del trabajo realizado y el potencial que estas
habilidades representan para fortalecer la economía familiar o emprender un proyecto
productivo.
Uno de los momentos más entrañables fue la participación del Pbro. Mtro. Filiberto Cruz
Reyes, quien compartió con los asistentes un libro de recetas que pertenece a su mamá.
Más que un recetario, fue un testimonio del valor de las enseñanzas que nacen en el hogar
y que, al compartirse con amor, trascienden generaciones. En su mensaje invitó a las y los
participantes a no detener su camino de preparación, a seguir perfeccionando sus habilidades
y, sobre todo, a compartir generosamente sus conocimientos con otras personas, recordando
que el verdadero aprendizaje da fruto cuando se convierte en servicio.
Cada constancia entregada representa mucho más que la conclusión de un curso: simboliza
la confianza recuperada, nuevas oportunidades para las familias y la certeza de que,
cuando una comunidad camina unida, es posible transformar realidades.
En Cáritas Diocesana de Querétaro seguimos convencidos de que promover la dignidad de la
persona también significa brindar herramientas para que cada hombre y cada mujer descubran
sus capacidades, fortalezcan su autonomía y se conviertan en protagonistas de su propio
desarrollo.
Agradecemos a las parroquias, a ICATEQ, a los equipos de Pastoral Social y a las familias
que hicieron posible este proceso, porque juntos seguimos construyendo comunidades donde
la solidaridad se convierte en esperanza.