La ilusión llegó sin tocar la puerta. Se anunció en las risas, en los ojos atentos y en la espera paciente de quienes saben que algo bueno está por suceder. El día 7 de enero, la comunidad de La Nueva Roma, en el municipio del El Marqués, Querétaro, los Reyes Magos hicieron su llegada, no desde el oriente, sino desde el corazón solidario de muchas personas.
Uno a uno, 71 niñas y niños, fueron recibiendo un juguete. Algunos lo abrazaron de inmediato;
otros lo observaron con cuidado, como si quisieran asegurarse de que ese
momento era real. Los regalos, donados por el Colegio del Olmo a Cáritas, llevaron
consigo algo más que papel y colores: llevaron tiempo, intención y esperanza compartida.
El ambiente se llenó de murmullos, risas y miradas cómplices. Madres y padres
observaban a sus hijas e hijos con una sonrisa discreta, de esas que nacen cuando la
alegría es sincera. En cada entrega hubo un gesto de cercanía, una palabra amable, un
instante de encuentro que recordó que la solidaridad también se vive cara a cara.
Después llegó la Rosca de Reyes, que se partió y se compartió como se comparte la
vida: en comunidad. La celebración se volvió conversación, convivencia y memoria. Por
un momento, el tiempo pareció detenerse para dar espacio a lo verdaderamente
importante.
En Cáritas, sabemos que acompañar no siempre es resolverlo todo, sino estar presentes. Ayer, La Nueva Roma no solo recibió juguetes: recibió un mensaje claro y profundo. Que la esperanza llega cuando alguien decide compartir. Que la alegría se multiplica cuando se hace en comunidad. Y que, a veces, los Reyes Magos no traen corona” pero siempre nos regalan una sonrisa.